sábado, 19 de enero de 2013

De vastedades…

Mujer de vastedades y silencios,
¿cómo puedo leer en tu pupila
ese lexema azul que te desnuda?
Hay tanto abismo magro
en nuestros besos,
tanto guijarro artero
en las palabras,
tanta cuesta indecible
en las caricias.

Mujer de vastedades,
no quiero ser crepúsculo indolente
que presagia la noche
coronada de estrellas y gemidos.
¡Viven en ti tantos amaneceres!
¿Cómo es que te empecinas en procrear
ciegos en desamparo?

Mujer de los mutismos repetidos,
quiero tocar la tecla
del clavicordio azul de tu sonrisa.
Dibujar los morfemas
de ese plural que nunca has pronunciado.
Después…
husmear sin tregua a plena luz
los resabios celestes de tu piel
y sobre el bajamar de la pasión
llover ebrios gorriones
de esperanza.

viernes, 18 de enero de 2013

Me gusta
(Soneto en alejandrinos)
Me gusta la gacela sedienta de tus besos
y ese potrillo alado que pasta en tu cadera.
Me gustan tus fantasmas, tus tormentas, tus rezos
y tu sexo maduro como una sementera.

Me gusta que mi in
undes con tus lluvias azules
y me dejes temblando como un cachorro oscuro.
Me encanta que en las noches remiendes con tus tules
la pared más amarga de mi escarpado muro.

Me gusta ese charquito de miel de tu mirada
y ese delfín de escarcha que aletea en tu boca,
tu piel donde se duerme lasciva la alborada

y ese río desnudo que se ve y que se toca
me gusta ese racimo que cuelga en tu enramada
y que para libarlo la noche se hace poca.



Esta es mi fe
Abrir de pronto el tajamar de beso
entre riscos de luz y de ternura.
Abofetear la tarde y sus gemidos
y enterrar el adiós entre guijarros.
Esa es mi fe, y la tuya… si profesas.
Porque hay fonemas tuyos que se duermen
en la mitad del beso y sus ventiscas,
porque hay grafemas míos que despiertan
entre lampos teñidos de azucena.
Cerrar despacio el párpado del trueno
y el punible dolor de las aristas.
Desnudarnos de miasmas y estertores
y pintarle a la bruma una sonrisa.
Esa es mi fe, y la tuya… si profesas.
Porque hay fontanas buenas en tu risa
y aluviones de sombra en mi pupila.
Eso es todo… tu credo y mi tropiezo.
Eso es nada… mi dios y tu indulgencia.
Tal vez tu puerto tenga muelles dulces
donde encallar naufragios de aguas turbias.
Quizá tus noches tengan sabios Cristos
para resucitar mi Lázaro de verbos.
Esa es mi fe, y la tuya… si profesas.

EL MISMO RÍO
Voy a cerrar este telón de tardes con garúas de luz
oteando el tiempo,
porque en las liosas cimas donde habitas
crecen los pajonales del deseo .
Allí estás tú altiva, inveterada,
Con tus esencias dúctiles, tus verbos,
defectivos se vuelven en mis labios
con sabor a crepúsculo o a verso.
Voy a rasgar mi cuadro de corceles con sus crines de dios
hendiendo el cielo,
y esa marcha escabrosa de delirios
y ese ulular de azul sobre tu cuerpo.
Aquí estoy yo, sumiso, novedoso
con mis esquirlas frágiles, mis lienzos,
surrealistas se vuelven en mis ojos,
con sabor a gaviota en pleno vuelo.
Vamos a desbordar el mismo río con sus blancos guijarros
insurrectos,
e inundar las llanuras donde pastan
los desabridos potros del deseo.
Después puedes ,si quieres,
sobre el agua,
poner a navegar nuestros veleros.

VENTISCAS DE DIOS
Tenés tantas bahías en tus ojos
que hay veces tus gaviotas… me circundan
el alma.
Algún velamen azul se te despliega
Y un delfín de pasión acompaña
mi barca.
Tenés tanta alborada en la cadera
que hay veces una estrella…se recoge
en tu falda.
Algún pesebre gris arde sus briznas
y un cayado de amor
azuza el ansia.
Tenés tanto de risco de deseos,
de pleamar violenta o mar en calma
que un percebe de luz, cáustico
y loco, cuando despunta el Sirio
te acompaña.
Y tras los malecones de tus besos
tus ventiscas de Dios, tu arena blanca…
veo correr mis hijas, y sus huellas,
van pintando de risas la mañana.

LA BLANCA LIBACIÓN
Ya no hay olvido, digo.
Porque tendés eslabones de arpegios
entre ese abismo ocre y asustado
de tu beso y el mío.
Ya no hay silencio, grito.
Porque intuís sinfonías azules
con fonemas de lluvia
cada tarde de lunes.
Porque vas construyendo palabras,
con acentos distantes...
que saben a caricia.
¿Cómo es que me construís?
Si esta argamasa dulce de tu aliento
levanta mil paredes sobre ruinas de otrora.
Y hasta me nacen brotes, que huelen a crepúsculo,
pero saben a aurora.
Si en tu humedal del labio
Un Bautista acristiana mi nombre,
hecho de arcilla rancia.
Has dispuesto la pira, lo sé, no lo digás.
Me encanta el holocausto azul de tu cadera
y el carnero precoz con que acompañas
la blanca libación de mi deseo.

ES NUESTRO GRITO
Comulgaré esta noche
con el suave cordero de tu beso.
Consumiré el deseo en ese lago azul
que se derrama desde la cima abierta
de tu escote.

Bajaré a la vendimia
a llenar estas manos con los frutos.
A sitiar con suspiros las palabras,
a deshojar la Troya que incendiamos
con la flagrante chispa del amor.

¡Qué se rompa la noche en dos mitades!...
Sé que en una cabemos…
Yo arropando la hostia de tu credo,
tú ungiéndome  con  tu óleo de perdón.

Amor… hay tanto sacramento en mi herejía,
 hay tanto Dios en tu cadera augusta,
que en nuestro grito va la absolución.
TRAPECIOS DE TERNURA
Estás desenhebrando con tu beso de lunes
mis crepúsculos grises y mis barcas de otoño.
Me han brotado trapecios de ternuras distantes
y hasta diáfanos pájaros volaron de mis ojos.

En tu cintura de humo busco mi silabario.
Mis grafemas se apagan entre tus labios rojos.
En esas madreselvas se desvisten mis ansias
y  llueven mil jilgueros entre brotes jugosos.

Hay tanta fiera dulce en tu trópico ardiente.
Tanto dios en cuclillas en tu mirar airoso.
Tantas morfos volando  en tu cadera augusta,
que entre tus hemisferios me pierdo poco a poco.

Y así, entre latitudes y ciudades de espejos,
y dioses penitentes y azules equinoccios,
me detengo a la orilla de tus besos lacustres,
e inicio romería por parajes sinuosos.
EL ÚLTIMO CLAMOR
Me gusta cada tarde escudriñar tu vuelo
de torcaz distraída.
¡Cómo bebes distante los últimos celajes
y la canción que suena en una esquina ausente!,
mientras nuestro café se fuga taciturno.

Escrutarte es mi oficio…
Hay veces que descorro tu ausencia
con un beso…
Entonces, solo entonces,
regresas con tus verbos de piélagos ignotos.

Menguadas naderías…
de eso se hace el amor en odre eterno.
El vino es lo de menos,
importa la ebriedad de las caricias,
trasnochar la ternura,
y amanecer las sábanas,
como banderas magras sobre el piso,
vislumbrando, en sus mapas,
el último clamor de la batalla.
LUCIÉRNAGA INCENDIARIA (A Liz, mi hija, en su cumpleaños)
Me hueles a luciérnaga incendiaria,
me sabes a un azul díscolo y tierno,
me hechiza tu sonrisa visionaria
que hace nacer un sol en pleno invierno.


Me vas sembrando esporas con tu risa
y falenas de luz con tus miradas.
Desandas los caminos de mi prisa
y a mi dolor le das de bofetadas.


Tus áncoras de amor tienen raíces
con un color de noches satinadas,
tu querubín de Dios tiene matices,


tu mano una ternura azucarada.
Te vuelan en la piel las mil perdices
que me despiertan cada madrugada.
Con risa de horizontes
Ahí donde tú existes
no estoy yo, está mi sueño
y sé que moran buques
con risa de horizontes
y níveos celajes con
silampas de mayo.

Ahí donde tú habitas
no estoy yo…esta mi alma
y un corcel de cenizas
y un dios hecho de verbos
y un pálido suspiro
y un sauce de hojalata
con cencerros dorados
en las puntas del viento.

Ahí donde tú duermes
están mis despertares,
mis gorriones con versos
mis cuentas de obsidiana
y un brocal de silencios
lleno de melodías.

En esa mar sencillo
de pantalones cortos
estas 
y yo en la orilla
del vientre
de
tu
madre.
A un suspiro de luna


En mis adverbios claros
te he buscado,
desde el puente roído
de mi infancia,
entre esas golondrinas
que se anidan
en el cierzo frugal
de la memoria.

Siempre estabas ahí
con tu lluvia de gubias
Y maderas,
esculpiendo tu nombre
en mis ventanas y
abriéndome
las puertas que conducen
a un marasmo
de auroras en el alma.

Siempre has estado aquí
próxima… próxima…
a un pulgar de distancia
de estos besos,
a un empellón de dicha
de mis brazos,
a un suspiro de luna
de mi cuerpo.

¿Sabes?,esta almohada
de dicha
es solo
nuestra
y tu cobija azul…
nuestra  cobija.


De azul pecado

Si quisiera pintarte
en un lienzo  de luna
con un lápiz de auroras
en plena madrugada,
quizá dibujaría
un gorrión de convite
con albercas de sepia
durmiendo en la mirada.

Si quisiera cantarte
una noche de estaño
alguna candileja
de carmín y alborada,
quizá entonaría
 un yigüirro de luces
con zarcillos de sol
saltando en la enramada.

Si quisiera contarte
aquel cuento de océanos
Con sirenas y barcos
Y piratas y espadas,
quizá escribiría
un poema este martes
con grafito de sueños
 y tonos de baladas.

Pero solo te quiero,
 así… de azul pecado
con un tonillo  gris
de cereza mojada
con el cuerpo entre nubes
y pavo reales turbios
con sabor a durazno
Y a gacela asustada.
DEL ABSURDO

No me digás que no,
yo siempre he estado aquí,
desnudando  rincones con el alba
o vistiendo gorriones con tus ojos.

Yo siempre he estado aquí…
oteando las estrellas que dejabas
con tu mirada esquiva,
o leyendo los fulgores del deseo
en tu verbo de almíbar.


Ese tifón de olvidos
que me endosás, amiga,
es la prebenda gris
que a veces te devuelvo.

No me digás que no,
yo siempre he estado aquí
modelándole espejos a tu risa
y migajas de espera a tus tardanzas.


No me digás que no…
Entre tanta oquedad
quedan galaxias de verso y vino nuevo.
Quedan palabras breves
para ahuyentar silencios.
Este teatro del absurdo tiene actores
para funciones nuevas.
Omnipresente
Siempre está aquí
desnudando celajes con su risa
o vistiendo  mareas  con su arena infalible
de pan recién horneado.

Siempre está aquí,
no importa si mi voz tocó distante
su timbre de armonías…
Ordena las resacas de mis iras,
el pleamar boscoso de mis ansias
y hasta la ropa sucia que se duerme
en el sillón roído por el gato.

Siempre está aquí
para ungir con su aroma de fronteras
mis marasmos de claustro.

Siempre está aquí
para ahuyentar fantasmas de garúa,
pordioseros de asfalto
y hormigas que se suben por mis sueños
de ginebra y lujuria.

Después… nada.
la noto tan difusa en los cristales,
solemne entre manteles y esperanzas.
Descorriendo pestillos de gris turbio,
zurciendo abismos, cerrando tempestades
y abriendo puertas verdes con sus manos:
dos torcaces azules como el alma.